La casa número 49 de Ricardo Castelló

Número 49. Esta es la casa de Ricardo Castelló. Las escaleras de la entrada llevan a la acogedora puerta, donde un pequeño perro blanco saluda al llegar. Ricardo presenta su amplio comedor con algunos adornos navideños y la televisión de fondo, hablando de las elecciones del 21-D. Entre ladridos y el calor del hogar Ricardo empieza a hablar. 

"Tengo 75 años, nací el 26 de julio del 1942" afirma el anfitrión, 75 Navidades al lado de su familia. Ricardo es el hermano mayor de 3 hermanos y desde que era pequeño ha pasado las Navidades en familia. Cuando era un niño se juntaban la noche de Navidad con los padres, los hermanos y la abuela. Recuerda que antes por Navidad se juntaban para comer una gran cena. 

En ese encuentro comían lo que el Tió les había traído el día anterior. "El Tió no nos traía regalos, nos daba la comida de Navidad". El Tió les daba un pollo, cava, turrones y barquillos. "Nosotros solo comíamos pollo dos veces al año: una para las fiestas del pueblo y otra por Navidad", explica Ricardo. Recuerda que ese pollo era especial, estaba más bueno. Dice que ahora se come el salmón y el caviar, comidas más refinadas que antes tenían un impuesto de lujo. Ricardo va a la cocina, se acerca a una olla enorme y quita la tapa. La cocina huele a caldo. Saca una pequeña cuchara para probar ese caldo que tradicionalmente hacen por Navidad. Es la receta de su suegra, que se ha hecho cada Navidad como una pequeña tradición de esta familia. El único año que no utilizaron esta receta para las fiestas fue el año en que murió su suegra. Para coronar esta comida tan festiva explica que comían barquillos y turrones de postre.

Deja la comida a la vez que vuelve al salón. Ricardo cuenta que cuando era pequeño, no existía el Papá Noel. Y el Tió no era quién les traía los regalos (aunque veces les traía algunas monedas de chocolate), esos eran los Reyes. La abuela intentó alargar todo lo que pudo esa ilusión de niño al destapar todos los regalos que les traían los reyes. Ricardo explica que cuando era pequeño tapaban con una manta los regalos de los Reyes. Y dentro de esa manta, junto a los regalos, había unos globos que hacían parecer más grandes los paquetes. Esta tradición sigue en la familia porque el día de Reyes, cuando llega su hija a buscar los regalos, Ricardo y su mujer tapan los regalos y los globos. 

Un sonido estridente. Suena el timbre y Ricardo se levanta. Sale de la atmósfera del recuerdo y atiende al visitante. Sigue hablando la televisión de fondo sobre el 21-D. El pequeño perro pasea por el comedor mientras espera a que regrese Ricardo. Al cabo de unos minutos el anfitrión vuelve a emprender su relato.

Ricardo también habla de los regalos de antes y los de ahora, aunque dice que no puede concretar mucho esta respuesta porque no tiene nietos. Antes los regalos que les daban eran diferenciadores de sexo. "Si a mi me hubieran regalado una muñeca yo la hubiera lanzado por la ventana". Pero ahora los regalos, según Ricardo, ya no son de niños o de niñas, si una niña quiere un camión lo puede tener y si un niño quiere una muñeca la puede tener. Dice que ahora, también, los juguetes van más a pilas, son más educativos o son de guerra. "Ahora los juguetes van con pilas, pero antes las pilas eras tu", recuerda Ricardo. Los regalos antes eran más naturales, ahora son distintos. Pero sigue pensando que su opinión es la opinión de un viejo.

Sigue hablando de algo que hace cada Navidad desde hace 10 años. Para llegar a todos sus amigos y familiares traduce un cuento cada Navidad y lo acompaña con imágenes de vitrales del Monasterio de Sant Feliu de Guíxols. Este año ha traducido el cuento de Navidad ¿Qué fue de Tiny Tim? publicado en 1992 por John Mortimer. Esta es una secuela del cuento de Dickens, Canción de Navidad. Así, Ricardo transmite una feliz Navidad a todos sus conocidos. Con este pequeño cuento adjunta una felicitación también con un vitral del Monasterio de su ciudad. Así transmite una pequeña costumbre a sus seres queridos y más cercanos.

Este es el cuento traducido y la felicitación de Navidad  de Ricardo Castelló (Fotografía propia)

Aunque durante los últimos años, Ricardo explica, que también canta en una coral. Cuando era más joven, explica, cantaba en tabernas pero al hacerse mayor lo fue dejando. Hace unos años le propusieron a él y a su mujer entrar en una coral para cantar en la Misa del Gallo. Y así, cada año por Navidad canta junto a otras corales en el Monasterio de Sant Feliu de Guíxols.

Un sonido estridente. Vuelve a sonar el timbre. El pequeño perro blanco corre hacia la puerta y despierta de ese sueño del pasado. Se despide con dos besos y deja los recuerdos en el amplio comedor. Abre la puerta con el número 49 y entra su mujer, Dolors. Ella se despide también con dos besos, no sin antes ofrecer té u otra bebida. Es tarde y se aleja la casa número 49.

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